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| El municipio de Moa tiene una extensión territorial de 732.6 km2 y una población de 64 684 habitantes. Se encuentra ubicado en el Oriente de Cuba. Limita al norte con el Océano Atlántico, al este y al sur con la provincia de Guantánamo y al oeste con los municipios de Sagua de Tánamo y Frank País. |
Moa se identifica por la producción de níquel y cobalto, a través de la industria minero metalúrgica más grande del país, responsable de altos índices de contaminación ambiental. Es una ciudad minera que ha desarrollado un importante patrimonio escultórico como expresión de su desarrollo cultural a lo largo de las últimas cuatro décadas.
Las manifestaciones artísticas mas contemporáneas surgidas en la ciudad minera de Moa han encontrado un campo propicio de difusión y crecimiento en salones municipales y eventos nacionales realizados en el territorio y en el país, los cuales traen aparejado críticas y valoraciones plásticas que enriquecen al autor y a la obra a la vez que promueven sus valores estéticos.
Sin embargo, el desarrollo de la escultura ambiental y monumentaria en esta ciudad holguinera se ha visto severamente dañados por la contaminación ambiental.
La historia de la escultura en esta ciudad se vuelve imprescindible para todo aquel que pretenda estudiar la evolución de las artes plásticas en la localidad. Su estado de conservación, las técnicas y materiales utilizadas en las creaciones y la importancia social dentro de la arquitectura local son temas a analizar cuando se pretende un estudio de esta manifestación.
Los espacios públicos son elementos esenciales de la vida. Estas áreas son un soporte esencial para la armonía y la elevación de la calidad de vida humana, en particular, en regiones severamente afectadas por la contaminación y el deterioro ambiental.
Los espacios urbanos son partes indisolubles de la sociedad y dentro de ella juegan un papel relevante al convertirse en el soporte del hombre. Deben ser diseñados, construidos, administrados y mantenidos pensando en el ser humano y todos los grupos sociales, tomando en cuenta la orientación de las expectativas y espiritualidades de la población para la cual fueron concedidas.
Según la Gaceta oficial de la República de Cuba. Edición Ordinaria. La Habana. Decreto 129 de 1985, la escultura ambiental se destina a enriquecer culturalmente un entorno determinado mediante obras o conjuntos no conmemorativos integrados en su contexto arquitectónico urbanístico y paisajístico.
Interpretación
R. Gómez y E. Baquero
La escultura ambiental al integrarse a espacios públicos ayuda a la estética urbanística y al mejoramiento de las relaciones humanas. Los escasos esfuerzos de preservación de monumentos y figuras históricas a la vez que lacera la historia patria, lesiona el contexto para el cual fue diseñado.
Las esculturas ambientales conforman y enriquecen los espacios públicos, concediéndole al hombre protagonismo en su espacio. Este nexo obra-persona conforma parte de la espiritualidad humana, que puede estar o no consciente de ello, pero siempre le proporciona al hombre una vida honorable, plausible, emancipada.
Lo más trascendente de estas obras es su uso social: su estimación e influjo en la sociedad. Es un contorno de dependencia e identidad. La participación ciudadana es un componente central de las esculturas en su relación directa con el área concebida. Con la mejora del paisaje urbano se mejora la calidad de vida acercando la experiencia artística al ciudadano.
En el año 1990, se clausura en Moa el Simposio de Escultura Ambiental, evento que mas número de piezas escultóricas dejó en la ciudad. Gracias a este certamen son colocadas en la ciudad la obra del artista matancero Eulises Niebla, frente al hospital Guillermo Luis Fernández; Pórtico en la entrada de Moa a cargo del holguinero Manuel Pérez y otras dos obras casi olvidadas: la escultura en el reparto Rolo Monterrey de César Sánchez y la del matancero Flandes Fernández Espejismo de una verde mañana frente al aeropuerto Orestes Acosta.
Del mismo evento quedaron en Moa las obras de la santiaguera Noemí Pereira en la escuela Dominador Fuentes y del holguinero Vicente Castro en el barrio Haití Chiquito. Hoy la mayoría en un lamentable estado de deterioro o restauradas sin respetar las características originales de la pieza.
Los materiales utilizados en estas piezas – aluminio, hierro, etc. – son de difícil conservación, sobre todo en un una zona afectada por la contaminación ambiental. Se vuelve imprescindible valorar sus aportes artísticos y culturales y promover su cuidado y conservación como legado patrimonial del territorio, impidiendo que se pierda el mensaje al convertirse la pieza en una obra ilegible.
Espejismo de una verde mañana
Flandes Fernández.