Garantizar los derechos de manera integral
Las publicaciones anuales de las Naciones Unidas, los informes de las ONGs, los informes de los institutos que monitorean el desarrollo en el ámbito mundial sacan un conjunto de datos de "entorno" totalmente apocalíptico en torno a la realidad de un desarrollo injusto, que tiende a acrecentar la brecha de pobreza y convierte en una utopía (sino un sarcasmo) el propósito del Banco Mundial de erradicar la pobreza en el 2015.
Todos estos datos, atroces y de sobra conocidos son consecuencia de la política neoliberal de acumulación económica, tendente a la acumulación en muy pocas manos de inmensos capitales, que "viajan" globalmente en busca y a la creación de mercados especulativos. Desde esta lógica del sistema es imposible la generación de desarrollo y redistribución de riqueza. Tampoco es anecdótica la necesidad de contar con la participación creciente de los ciudadanos de los países ricos en esta concepción del crecimiento económico: como ejemplo, la incentivación de los fondos de pensiones privados, con los que se generan inmensas bolsas de capital no dedicado a la inversión es un exponente claro del "accionariado" dependiente y necesariamente interesado en la maximización de las ganancias.
A esta masa de capital financiero fácilmente reproducible a través de la especulación se une la gran masa de capitales salidos de los países pobres vía fuga de capitales y vía pago de la deuda contraída. La circulación y acumulación de esta masa de capital no ha servido para creación de inversiones al desarrollo, sino todo lo contrario, ya que ha sido uno de los principales factores causantes del aumento de la brecha entre pobres y ricos.
El proyecto hegemónico de globalización neoliberal, promocionada por Banco Mundial, FMI y OMC y liderada (Stiglitz, El País 17-6-01) por EE.UU. causa un vacío de poder democrático. La reducción de la capacidad de regulación de las políticas económicas y sociales por parte de los estados se da sin que haya instancias de poder global que regulen, protejan y garanticen la ciudadanía con todos sus derechos.
La idea de que el final de la guerra fría daría paso a formas de gobierno mundial cohesionadoras ha perdido todo fundamento. El sistema de NN.UU. que en el período de enfrentamiento de bloques vivía en permanente parálisis por los vetos, está perdiendo toda credibilidad frente a la estrategia globalizadora liderada por EE.UU. y sus alianzas económicas: La total inoperancia se manifiesta en los protocolos y convenios no ratificados por EE.UU. (Kioto, Tribunal Penal internacional, Convenio sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales). Además, la reedición de la carrera armamentista vuelve una utopía cualquier rédito aplicable a desarrollo e inicia un camino desaforado de gasto militar (beneficio de las multinacionales del sector). El espacio exterior de EE.UU. es ya el espacio supuestamente cubierto anteriormente por el Consejo de Seguridad.
Pensar en términos
de ciudadanía global
significa replantear
los mecanismos
tradicionales de la resistencia social: frente al corporativismo de las transnacionales no se puede oponer el corporativismo de los ciudadanos cotizantes o de los consumidores, sino los derechos del conjunto de todos los ciudadanos
Hay, pues, evidencias claras de que el subdesarrollo y la pobreza son consecuencia de un orden injusto y premeditado, y no consecuencia de la barbarie de las personas. Intentar paliar este desorden a través de la ayuda, sin crear los mecanismos de garantía de los derechos de las personas y los pueblos a su desarrollo es tarea claramente paliativa, cuando no creadora de mayor dependencia. Los estudios sobre el impacto de la Ayuda al Desarrollo (cito expresamente a Manuel Iglesia-Caruncho) asientan la evidencia de que la ayuda, incluso en el supuesto de una distribución eficiente, sólo deviene en estímulo al desarrollo cuando los objetivos en los que se invierte coinciden con las políticas a largo plazo de los gobiernos de los países receptores, o lo que es lo mismo, con las políticas públicas de los gobiernos.
Condicionantes negativas para el desarrollo de los pueblos
La evidencia recogida por todas las organizaciones de evaluación de Desarrollo muestra que unas mejores políticas distributivas de los gobiernos significan una rápida mejora del nivel de los indicadores de desarrollo humano (educación, mortalidad infantil,...), sin embargo, la sustentabilidad de estos logros está expuesta a condicionantes negativos impuestos por el orden económico global. Entre estos condicionantes "bomba de relojería" para el desarrollo de los pueblos y las personas, destacaría:
- La carga de la deuda externa es insostenible para más de 80 países del Tercer Mundo, los cuales enfrentan pagos por servicios de la deuda superiores al 4% del PIB (valores por encima del gasto público en educación o salud, que suele ser inferior al 3%). Por otra parte los sucesivos programas de reestructuración han conseguido con total claridad beneficios para los países acreedores. Se han mantenido objetivos financieros y macroeconómicos de corto plazo, frente al establecimiento de condicionalidades para la inversión en desarrollo social.
- Transacciones financieras especulativas y políticas de ajuste que han derrumbado economías de países enteros: México 1994, Sudeste asiático 1997, Rusia 1998, Brasil, 1999.
- Políticas agrarias proteccionistas y apropiación de las reservas genéticas de la biosfera, a través del sistema de patentes genéticas.
- Freno a la libre circulación de personas.
Caminos para el cambio
He citado estos datos que son prácticamente de manual, sólo para afirmar los tres enunciados siguientes:
- Necesidad de una acción política democrática transformadora de la sociedad.
- Necesidad de una agenda global de la solidaridad, capaz de asumir los retos de un cambio civilizatorio que sólo puede ser generador de oportunidades para la humanidad en la medida que globalice la solidaridad, la sostenibilidad y la equidad.
- Pensar en términos de ciudadanía global significa replantear los mecanismos tradicionales de la resistencia social: frente al corporativismo de las transnacionales no se puede oponer el corporativismo de los ciudadanos cotizantes o de los consumidores, sino los derechos del conjunto de todos los ciudadanos.
Ninguna de estas apuestas constituye una fuga utópica. Todas ellas trazan un camino de acción política para el cambio, sobre la base de otros elementos que no son tan citados por los manuales de desarrollo, pero que considero importante establecer como fuente de oportunidades en una estrategia política que conduzca a la sociedad de la equidad, a la sociedad socialista de los derechos:
- El avance tecnológico de la sociedad de la información y la denominada sociedad red están cambiando la concepción tradicional del trabajo como base civilizatoria. Surgen nuevas formas de relación entre las personas, nuevas formas de aprensión del conocimiento y de relación con la naturaleza.
- Los avances tecnológicos en el campo de la genética, la biología, la actuación sobre las enfermedades, la producción alimentaria..., generan una expectativa inédita para las generaciones anteriores.
- Con toda la desigualdad, analfabetismo y exclusión social de 2/3 partes de la humanidad, nunca ha habido en el planeta un nivel igual de integración de la mujer, de personas formadas, de accesibilidad a los servicios, etc.
Estas oportunidades desde el punto de vista tecnológico, de formación, etc., pueden ser instrumento de desarrollo en la medida que se enfrente el injusto sistema imperante basado en la acumulación de capital, sin sujeción a control social alguno. Se trata de un problema de distribución y es el reto de una ciudadanía solidaria de futuro, ciudadanía capaz de construir referentes políticos que a través de la garantía de los derechos de todos, sea capaz de crear una sociedad de la equidad, sostenible con relación al medio ambiente y también sostenible para el conjunto de la humanidad. En definitiva, estamos hablando de construcción democrática y justicia social.
Alternativas democráticas de desarrollo
Siguiendo el lema del Forum Social Mundial de Porto Alegre, "Globalizar la solidaridad", la denuncia de la desigualdad debe acompañarse de la capacidad de acción política articulada de manera amplia, en la que las ONGs, organizaciones sociales, organizaciones políticas, etc., confluyan en un auténtico movimiento plural, con estrategias de cambio frente a un modelo perverso desde el punto de vista de desarrollo humano.
Quizás el reto más importante para las ONGs que se distinguen como sujetos de esta red de acción política sea precisamente el reconocimiento de su complementariedad y su potencial de generación de conciencia social y de establecer sinergias entre organizaciones.
La erradicación de la pobreza, la educación y la salud para todos/as, el desarrollo y respeto de los derechos de ciudadanía en todos y cada uno de los inmigrantes, la atención a la gente mayor,... son objetivos inalcanzables sin políticas públicas potentes, respaldadas y representativas del apoyo y participación de los ciudadanos. El papel de las ONGs no es sustituir el papel de las instancias representativas, ni el de los partidos políticos. En la medida que las ONGs tengan potentes relaciones de partenariado entre organizaciones de diversos países, establezcan alianzas, sean capaces de influir en los medios de comunicación... serán instrumentos tanto más útiles para la red plural en la que debiera ser medida la eficiencia de su trabajo de construcción democrática participativa, que en definitiva, se expresará en las políticas representativas.