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  No. 22  Año 2008  Vol. VI
Desarrollo sustentable - Artículo
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Sobre la sustentabilidad y sus ámbitos
Sostenido no es lo mismo que sostenible ni que sustentable


Temas relacionados:  Desarrollo Sustentable , Teorías del desarrollo
Palabras clave: desarrollo sostenible, desarrollo sustentable, sustentabilidad, medio ambiente, pobreza
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Foto del Proyecto Glocal -Jer Thorp

Darwin no sospechaba que sátira tan amarga escribía de los hombres cuando demostró que la libre concurrencia, la lucha por la existencia celebrada por los economistas como la mayor realización histórica, era el estado normal del mundo animal. Únicamente una organización consciente de la producción social, en la que la producción y la distribución obedezcan a un plan, puede elevar socialmente a los hombres sobre el resto del mundo animal, del mismo modo que la producción en general les elevó como especie (Engels, 1961).

Intentos de definición de la sustentabilidad
 
Aunque ya se había hablado de la sustentabilidad desde las preparaciones de la Conferencia sobre el Medio Ambiente Humano de Estocolmo (1972) y  también en el inicio de la década 1970-80 por algunos autores para referirse a condiciones que aseguraban de algún modo el desarrollo humano por un cierto periodo, el término no había sido considerado de manera más seria. Es a final de los años 80 cuando cobra importancia y sale al foro mundial como parte del Informe Brundtland y es asociado íntimamente al concepto de desarrollo, constituyendo el hoy conocido “desarrollo sustentable”. Apriorísticamente la sustentabilidad venía a indicar la insostenibilidad del modelo de crecimiento impuesto y operado.

Leff (1994) encontraba que la sustentabilidad para una formación económica y social es la formulación de una estructura reformada y organizada de tal modo que se vincule directa y sanamente con el ambiente y procree condiciones de autogestión, autoreproducción y equidad entre sus miembros constituyentes, yendo desde los individuos hasta las agrupaciones e instituciones.

Por sustentabilidad se ha querido denotar lo confiable, lo viable, lo deseable. Literalmente: “continuación a través del tiempo”. Pero con otra connotación se ha empleado como una especie de “vacuna” a los modos de producción basados en la ganancia rápida y maximizada ya sea conducida por los gobiernos o las empresas privadas o los emporios transnacionales. Asimismo, se ha presentado a la sustentabilidad como el estado o calidad de vida en el cual las aspiraciones humanas son satisfechas manteniendo la integridad ecológica.

Para Wackernagel (1996) la sustentabilidad es un concepto simple: vivir equitativamente dentro de las posibilidades de la naturaleza. Wautiez y Reyes (2001) establecen que en forma simple, la sustentabilidad es el concepto que utilizamos para recordarnos que:

  • Tenemos que preocuparnos los unos por los otros, lo cual implica que el desarrollo debe permitir que todos tengamos una calidad de vida digna y tengamos la posibilidad de desarrollar nuestras capacidades, cumplir nuestros deseos y aspiraciones dentro de nuestra comunidad. 
  • Tenemos que preocuparnos por nuestro planeta y entregarlo a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos en condiciones que les permitan vivir y disfrutarlo.

Pezzey (1989) para la sustentabilidad lista más de 20 diferentes definiciones. Por su parte, Hansen (1996) obtiene 20 definiciones exclusivamente en el contexto de la sustentabilidad agrícola.

Dixon y Fallon (1989) identifican, pese a lo complicado del asunto, tres distintas nociones del concepto de sustentabilidad:

  • Como concepto puramente biofísico para un recurso natural dado.
  • Como un concepto biofísico usado para un grupo de recursos o un ecosistema.
  • Como un concepto biofísico, social y económico.

Estos autores, en la misma obra, indican que la primera definición de sustentabilidad se creó con la finalidad de definir límites físicos para la explotación de una clase de recursos renovables biológicos, como los bosques o las pesquerías. Así, sustentabilidad significaba utilizar el recurso sin reducir su stock físico. Disertan que el concepto de sustentabilidad se podría ampliar a un sistema mayor que abarcara varios recursos naturales y no solo uno. En esta acepción más extensa, la sustentabilidad se mide en términos físicos, pero en lugar de enfocarse en un solo componente, toma en cuenta diferentes entradas y salidas del ecosistema.

Para Masera et al (1999) la definición de sustentabilidad se complica cuando se incluyen los aspectos sociales y económicos que influencian, imposibilitan o favorecen la sustentabilidad ambiental de un determinado sistema o cuando se habla llanamente de la sustentabilidad de un sistema socioambiental. En un sentido amplio, estos mismos autores definen a la sustentabilidad como el mantenimiento de una serie de objetivos o propiedades deseadas a lo largo del tiempo. Es, por tanto, un concepto esencialmente dinámico que parte necesariamente de un sistema de valores. Encuentran por ello que aunque ha habido intentos de llegar a una definición universal de la sustentabilidad, esto les parece claramente imposible. Así, concluyen que la sustentabilidad aparece como una característica multidimensional de un sistema socioambiental, convirtiéndose así en un concepto que debe ser analizado de acuerdo al contexto social en que se lleva a cabo el análisis y la implementación de alternativas.

El compromiso de la sustentabilidad se concreta en mantener un determinado montante de inversión productiva (Solow, 1992). Para Pierce (1993) sustentabilidad significa asegurarse que productos sustitutos son asequibles en la medida en que los recursos no renovables se vuelven físicamente escasos y significa asegurar que los impactos ambientales resultado del uso de dichos recursos se mantienen dentro de la capacidad de soporte de la Tierra para asimilarlos. Se observa la primera como una posición económica de la sustentabilidad y a la segunda más ecologizada sin llegar aun al ambientalismo.

El tránsito desde lo sostenido hasta lo sustentable

Surgida la idea de la sustentabilidad de las ciencias biológicas, la incorporación de éste término al lenguaje ambiental cotidiano es más reciente que la del término desarrollo. Igualmente incluye en su trayectoria histórica posiciones encontradas tanto en su aplicación como en su concepción y definición. Hoy es muy difícil separar el uso común del término sustentabilidad sin asociarse al de desarrollo, dando como resultante un devenir histórico que va desde el desarrollo sostenido hasta el desarrollo sustentable, pasando en el ínterin, por el desarrollo sostenible, que muchos empatan “libremente” con el sustentable en un intercambio que intenta no reconocer complicaciones teóricas ni prácticas.

La primera asociación
 entre ambos términos (sustentabilidad y desarrollo)
 fue el desarrollo sostenido, refiriéndose a un desarrollo en exclusiva guiado por la economía, desentendiéndose del coste socioambiental de la producción
 y el consumo.
La primera asociación entre ambos términos (sustentabilidad y desarrollo) fue el desarrollo sostenido, refiriéndose a un desarrollo en exclusiva guiado por la economía, desentendiéndose del coste socioambiental de la producción y el consumo. Producir de manera continuada. La producción vista como fundamento, camino y meta de la reproducción humana. El enfoque del desarrollo “sostenido” implicaba justificar y mantener un crecimiento económico permanentemente ascendente y de él, derivar los beneficios que vendrían a irrigar a la sociedad en su conjunto, medidos básicamente en indicadores del nivel de vida más que de la calidad de vida y sin cuidar manifiestamente el “capital natural”.

En el planteamiento radical y crudo de los modelos económicos de crecimiento, la energía y las materias primas necesarias para soportar el ritmo creciente de la producción empezaron por verse como ilimitados, baratos y fácilmente reemplazables, y el modelo operó. Operó hasta que el Sistema dio de sí y los subsistemas no pudieron seguir tolerando tal explotación magnificada. El subsistema social se fue bloqueando por pobreza extrema, desempleo, subempleo, injusticia y criminalidad-corrupción: el modelo terminó y la razón industrial-capitalista devino a la realidad de un sistema mundial llevado necesariamente a la crisis y a la confrontación.

Agónico el modelo de desarrollo sostenido se echó mano de la sostenibilidad, el segundo correlato sustentabilidad-desarrollo: cuando la producción ya no pudo ser “sostenida”, se buscó que fuera sostenible. Sachs (1982) discrimina cuando detecta que la sostenibilidad es un aspecto importante del desarrollo e indica que la producción ecológica es un dogma de la ética del desarrollo, a la par con la igualdad social.

El cambio de calificativo o “apellido” del modelo de crecimiento-producción no representó un cambio ni en lo teórico ni en lo práctico. Se pretendía vigilar los puntos de las materias primas y la eficiencia energética así como los costos de la producción. Se replantearon los procesos y se habló de la impactación cero o de la producción ecológicamente amigable o suave, pero el eje central persistió, el capital como racionalidad inmutable. La producción como rectora global. La producción por la producción y para la reproducción del Sistema, es decir, no alteración del status quo. Cuidar las reservas y los recursos pero, por y para reabastecer a la producción misma. La “máquina de movimiento perpetúo” no se detuvo: “nuevo” modelo, mismo viejo vicio de fondo. Se intenta arduamente procrear “nuevas necesidades” para ser “satisfechas” por el tradicional valuarte “consumo-oferta-demanda”.

La sostenibilidad presentada venía basada en esas racionalidades de tipo ad hoc al Sistema: racionalidad instrumental, racionalidad teórica y racionalidad de sustentación (Weber citado por Leff, 1994).

El modelo que planteaba la sostenibilidad, igual que el anterior, se vio rebasado por la compleja realidad de la desigualdad y de la degradación socioambiental y tal neoconformación del orden mundial se fue al archivero, dando paso a la propuesta de la sustentabilidad, sin caer en el fácil juego de palabras traducidas de sustainable: sostenible, sustentable. De manera no preconcebida se desbordaba la sostenibilidad y se daba entrada a la sustentabilidad, bienvenida por muchos independientemente de ideologías, sistemas políticos, clases sociales y modos de producción y culturas.

La idea de la sostenibilidad del crecimiento no logró resolver ni soportar los embates de los dilemas entre el crecimiento económico, la distribución equitativa de sus frutos, la conservación de los recursos y la de los bienes. No pudo responder (por ser una idea recortada y preasumida) a la contradicción (aparente) entre necesidades humanas y capacidades del ambiente.

La idea de la sostenibilidad careció de objetividad para casar los planos de relación biogeofísico, sociotecnológico y político-cultural (Castro, 2002).

La sostenibilidad volvió a preocuparse por los niveles de vida, no por la calidad de vida y menos de la vida de calidad a la que aspiramos todos los seres y derecho inalienable con el cual nacemos. Esta fue una falla conceptual que sirvió para dar otra vuelta de rueda al pensamiento evolucionista-reduccionista-determinista de la racionalidad del liberalismo económico que ya se vislumbraba.

Lo requerido no son tanto nuevas respuestas para enfrentar la crisis mundial, sino más bien nuevas preguntas, profundas, es decir las soluciones no saldrán de los “remiendos” del modelo productivo sino de la auténtica regeneración íntima de todo el Sistema.

La sostenibilidad no fue una solución al desenvolvimiento humano. Velozmente, de una salida se trocó en una nueva encrucijada. Se definió en problema, no en solución.

Ni el modelo sostenido ni el sostenible replantearon su criterio de verdad, el eje –articulador estricto- fue mantener el valor de cambio por sobre el valor de uso. La ganancia aislada y no entendida como el sistema de ganar (Marx, 1975), el cual, bien entendido y bien aplicado puede guiar a la ganancia ecológica que puede traducirse ahora, según las circunstancias, en renta ecológica, para la reproducción del sistema productivo, soporte del sistema humano (Torres, 1999).

La sustentabilidad, siendo el tercer enlace sustentabilidad-desarrollo, no tiene todas las respuestas, pero está intentando plantear las preguntas, las nuevas preguntas necesarias y al menos, al parecer, aun no ha perdido hasta el momento su oportunidad histórica. Reconociéndose en la actualidad a la sustentabilidad del desarrollo como el hito paradigmático más último.

Empero, se tiene que resaltar que el desarrollo sustentable ha sufrido críticas de todo tipo y algunas muy agudas como la surgida en el Manifiesto por la Vida, documento emergente del Simposio sobre Ética y Desarrollo Sustentable ocurrido en Bogotá en el 2002, donde se argumenta que el discurso de éste tipo de desarrollo parte de una idea equívoca. Donde sus políticas buscan armonizar el proceso económico con la conservación de la naturaleza favoreciendo un balance entre la satisfacción de las necesidades actuales y las de las generaciones futuras, pretendiendo realizar sus objetivos revitalizando el viejo mito desarrollista, que promueve la falacia de un crecimiento económico sostenible sobre la naturaleza limitada del planeta.

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Comentarios de Lectores - 2
 2 
 Guadalupe Sánchez escribió:
27-10-2008
La sustentabilidad es materia de mucha discusión pero este tipo de artículos permite el intercambio de nuestros pueblos, intercambio que promueve a la vez la sustentabilidad y crea un substrato donde puede fertilizarse el proyecto sustentable humano.
Adelante con este tipo de ejercicios.


 1 
 Cristina Rioyo. Uruguay escribió:
24-10-2008
Este es el trabajo de un erudito sin pretensiones de serlo.
Felicidades profesor Lara. Es un artículo que invita a pensar en las trampas de los conceptos. Coincido con usted en que el desarrollo "sustentable" es una utopía, pero ¿para qué sirven las utopías?...Para andar.


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Autor/es
José David Lara González
Profesor investigador sobre el medioambiente del Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla, priorizando temas del área de desarrollo sustentable y ambiente.
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